La undécima se queda en la Cibeles

La final de la Champions League ya ha concluido. Éramos muchos los que pensábamos que el equipo de Simeone cumpliría con su “vendetta”; pero al final no ha podido ser.

Tal y como exigía el “guión” se ha visto un encuentro que ha estado a la altura de las expectativas. Un verdadero choque de trenes, dos estilos de juego totalmente diferentes y un claro objetivo: coronarse en lo más alto de Europa.

El Real Madrid salió al césped de San Siro sin complejos y logró adelantarse en el marcador en el minuto 15 gracias a un gol de Sergio Ramos. Pero la segunda mitad tuvo color colchonero y Ferreira Carrasco lograría el empate en el minuto 79.

Hasta la fecha no se recuerda una final de Champions tan agónica que hasta la “lotería” de los penaltis no ha habido un claro campeón.

Mientras que la familia rojiblanca ha acabado entre lágrimas pero cayendo con la cabeza alta, el club madridista viste de blanco el estadio de San Siro, al igual que las calles de la capital madrileña.

Las vitrinas de la Casa blanca tendrán una copa de Europa más en su larga colección. Mientras, Neptuno tendrá que volver a esperar otra temporada para que llegue su momento de gloria.

Por el momento la undécima se queda en Cibeles. Su presidente Florentino Pérez ya podrá aflojarse la corbata, respirar tranquilo y presumir que Zinedine Zidane le ha conseguido agrandar aun más el orgullo de volver a ser una vez más el “ser superior”.

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