OJOS DE SOMBRA

Yo era un sultán
con un corazón de piedra.
Nadie me quería
porque era un déspota,
un presuntuoso,
un antipático,
un mentiroso,
un marginado.
Y sin embargo vivía oculto,
entre las sombras
de un palacio de verano.
Estaba todo en ruinas
y yo reía de eso,
Y no de un entretenimiento
cualquiera.

Yo era un animal antiguo
nacido de una serpiente
y de un gallo.
Sí, soy un basilisco
y me han hecho sultán
porque doy asco,
miedo,
terror.
Petrifico a las personas
cuando se reflejan en un espejo,

en el agua.
Puede que me maten
por el canto de un fénix
o por una simple espada.

Sé que soy despiadado,
ágil y cruel en la oscuridad,
por eso me llaman
“Ojos de sombra”.
Nadie puede conmigo,
y quién se atreva
corre el riesgo de morir.
En mis carnes,
aparte de vivir en silencio
llevo veneno.
Un veneno que corre
por todo el cuerpo,
que deja al contrincante
sin armas, en el suelo,
sin el menor movimiento posible.

Yo soy el rey,
me llevo las almas

con tan solo una mirada.

Me llaman “ojos de sombra”
porque me brillan en la oscuridad.
Suelo ser vengativo,
despiadado,
egoísta,
inquietante,

misterioso
y escurridizo.
Todos me tenéis que temer,
vivo en las sombras
sin saber que intruso va a entrar.
Tan solo de pensarlo
ya me relamo.
En fin: ¿quién me puede amar?
¡Nadie!
Nadie se ha atrevido a quererme.
Saben quién soy yo.
Que vivo enjaulado
en este palacio de verano
de piedra vieja

Y hierro forjado,
para que nadie
pueda ver quién habita.
Sí, ¡un monstruo!
O la sombra que llevamos dentro
de nosotros mismos.

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