EL POETA INMORTAL

El poeta yace en silencio, en esas hojas muertas.

Habla solo.

Recita verso a verso, un poema

Mientras va escribiendo.

El poeta mira al cielo,

refleja con su pluma la nube y el sol de fuego.

Él se quema. Se hace el muerto.

Y no está muerto sino que descansa tumbado

En esa hierba.

El poeta respira.

Vaga en tormento.

Y mira los árboles,

Las estrellas que reposan

Al mismo tiempo.

El poeta yace en silencio, pero está despierto.

Publica sus estampas como si fueran sueños,

Aunque él sigue escribiendo y va trazando letra a letra

Su sonata en algo eterno.

El poeta yace en silencio, piensa en esa niebla

De su cabeza que vuela.

Va regalando sus palabras en minutos sueltos.

El poeta hace poesía, caligramas como si fuera un juego.

Y va rotando con la mano en giros inversos.

Luego se calma y se queda durmiendo, soñando,

En un mundo nuevo.

El poeta se calla.

Ya no habla.

Pero aspira por el diafragma

y expira  al mismo momento.

No dice nada.

Sólo lucha en silencio, en su libreta,

en su cuaderno.

El poeta yace en silencio, va divagando con su voz fuerte.

Canta a la muerte.

El poeta va a la fantasía aunque también es realista,

Y baja a la tierra como un golpe fuerte.

Eso es que prepara cuando llega la primavera.

Es su memoria.

Su homenaje al poema.

Que suena como un tambor de estruendo.

Es que el 21 de marzo le va latiendo.

El poeta se va alzando aunque esté vivo o muerto.

Y es que su vida es su silencio, profundo y quieto.

En la lejanía no se oye se le venera.

Él es un poeta que yace en silencio,

Que rebosa alegrías en su avión viajero.

Es solo un poeta que dedica sus horas

A serenatas y romanceros.

¡Mirad a Bécquer!

¡ Mirad a Juan Ramón Jiménez!

Sus libros son sus coches que dejan el alma y su esencia

Al año siguiente.

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