Mi lesión, mi vida

Fui al colegio ordinario desde los tres años y medio y, aunque desconocían el mundo de la discapacidad, me ayudaron mucho. Para los profesores era nuevo, yo era una experiencia nueva para ellos.

Hice la EGB, pero algunas clases no podía seguirlas, por ejemplo, cuando hacían las capitales de España. Yo tenía que aprender otras cosas. Cuando no podía seguir unas clases, a mí me ponían a repasar lo que me costaba más, como escribir o sumar.

Iba a muchas recuperaciones: fisioterapia, en Sant Joan de Déu muchas veces, al departamento Esteve de Miguel, etc. Allí una especialista me enseñaba habilidades espaciales y también hacía psicomotricidad. Tenía una profesora que venía a casa y me ayudaba a repasar, pero en el colegio hablaron con mi madre y le dijeron que no podía hacer tantas recuperaciones no porque iba atrasada y, entonces, la persona que venía a casa empezó a venir también unas horas al colegio.

Sin embargo, perdí un año de colegio porque se equivocaron. Cuando empecé a escribir, escribía con la mano izquierda pero yo no soy zurda y, a causa de este hecho, escribía del revés, de derecha a izquierda. Por lo tanto, tuve que volver a empezar de nuevo.

Cuando nací, hicieron creer a mis padres que no podría caminar, ni hablar y, hoy en día, trabajo en un hostal desde hace casi tres años y vivo de forma independiente. Yo no creía que podría llegar donde he llegado, con los obstáculos y el esfuerzo que me ha conllevado.

Animo a cualquier persona que tenga esta u otra discapacidad. Que se puede llegar si uno se esfuerza y tiene medios para poder hacerlo. Mi proyecto de futuro sería vivir en pareja como vive la mayoría de la gente.

* Texto original en catalán.

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