Recordando un símbolo americano

El pasado 22 de noviembre se cumplieron cincuenta años del asesinato de John Fitzgerald Kennedy. Nacido el 29 de mayo de 1917 en Brookline, Massachussets, fue miembro de una estirpe maldita y marcada por la fatalidad, que tras salir vencedor en las elecciones presidenciales en noviembre de 1960, tomó posesión del cargo de presidente de los Estados Unidos en enero de 1961.

En su discurso de investidura pronunció una frase que pasará a los anales de la historia: “No os preguntéis qué puede hacer vuestro país, sino qué podéis hacer vosotros por vuestro país”.

En 1961 Kennedy tuvo que afrontar la crisis de los misiles en Cuba, gobernada por un Fidel Castro apenas recién llegado al poder. Ese mismo año, John Fitzgerald Kennedy viajó a Berlín cuando apenas se estaba levantando el muro llamado “de la vergüenza, que durante veintiocho años dividió Alemania en dos repúblicas, la federal y la democrática a lo largo de 144 kilómetros de los cuales sólo queda un trozo de un kilómetro y medio de longitud como testimonio histórico. En su visita a la capital alemana, el presidente estadounidense dijo “Soy un berlinés”.

Otro momento histórico en el corto mandato de John Fitzgerald Kennedy fue su cumpleaños, que celebró con un gran pastel de cuyo interior salió la actriz Marilyn Monroe cantando el ya célebre “Happy Birtday, Mister President” .

En 1962, John Fitzgerald Kennedy continuó con la guerra de Vietnam, que se alargaría hasta 1975. Para justificar la invasión a la ex colonia francesa, el mandatario argumentó la amenaza que representaba el comunismo para la paz mundial, tal como hizo en su día el presidente Harry S. Truman, cuando declaró la guerra en Corea.

Otro hecho histórico sucedido en 1961 fue cuando la NASA, en la base de lanzamiento de la que entonces se llamaba Kennedy y que actualmente conocemos como Cabo Cañaveral puso en órbita al astronauta Alan Shepard en respuesta a la hazaña conseguida por la Unión Soviética unas semanas atrás en enviar al espacio el cosmonauta ruso Yuri Gagarin  abordo del satélite Vostok 1, mediante un cohete Soyuz.

Finalmente llegó el fatídico 22 de noviembre de 1963, cuando John Fitzgerald Kennedy se encontraba de visita en Dallas, una de las tres ciudades más grandes y pobladas del Estado de Texas, junto con Houston y San Antonio. El coche presidencial, flanqueado por dos motocicletas del departamento de policía local estaba recorriendo una de las principales avenidas de la ciudad, mientras que abordo, el mandatario saludaba a todo el mundo que se había congregado para verlo de cerca. De pronto, Kennedy cayó abatido sobre el asiento trasero, mientras la primera dama, Jacqueline Kennedy intentaba incorporar el cuerpo de su ya difunto marido. La elección del coche presidencial no fue la más apropiada para un acto de esas características. El modelo en cuestión era un Lincoln Continental de cuatro puertas fabricado en 1961. Resulta una ironía del destino que la marca tome el apellido de otro presidente de Estados Unidos que fue asesinado en 1865 en Washington DC mientras asistía a una representación en el teatro Ford, que curiosamente es el nombre de la corporación automovilística de la que forma parte Lincoln desde 1922.

Inmediatamente después del magnicidio, el FBI impulsó la llamada Comisión Warren, encargada de investigar las circunstancias en que se había producido la tragedia y después de analizar la escena del crimen, la investigación oficial concluyó que el presidente Kennedy murió de un impacto de bala en la cabeza, disparada por Lee Harvey Oswald, un fanático que, presuntamente no aceptaba que Kennedy se hubiera comprometido con Martin Luther King a promover una ley que velaría por los derechos de los ciudadanos afroamericanos.

Los Estados Unidos perdieron al que probablemente fue el presidente más pragmático y carismático de su historia.

En 1991, el director de cine Oliver Stone recreó la investigación llevada a cabo por el FBI en la película JFK: Caso Abierto, en la que Kevin Costner interpretó al investigador que lideró la Comisión Warren.

* Texto original en catalán.

One Comment on “Recordando un símbolo americano

  1. El gran mèrit de la presidència de Kennedy va ser donar l’impuls final a la integració dels negres, que tot just començaven a reivindicar-se com afroamericans, a tots els estarts de la societat americana. Avui no s’entenen els Estats Units sense la seva diversitat cultural, però no fa tant mataven a gent, fins i tot a presidents, per reivindicar-la. Bon article noi@s

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