El día en que soplaron vientos de cambio

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Ayer, 9 de noviembre, se cumplieron 25 años de la caída del muro de Berlín, un acontecimiento trascendental no sólo para la historia de Alemania sino de Europa en general, que significó el principio del fin de la Guerra fría.

Todo comenzó cuando en 1949 Alemania quedó dividida en dos grandes bloques. Por un lado estaba el bloque occidental llamado RFA (República Federal Alemana), el control de la que estaba repartido entre Francia, Reino Unido y Estados Unidos y, por el otro la oriental o RDA (República Democrática Alemana) que estaba bajo el dominio de la Unión Soviética.

Para frenar la fuga de ciudadanos de la RDA hacia Occidente, en un principio las autoridades instalaron una cerca de alambre a lo largo de 43 kilómetros, pero al comprobar la escasa efectividad de este sistema de retención se optó por levantar un muro construido en hormigón reforzado por un esqueleto de hierro con una altura de entre 3,5 y 4 metros.

El muro quedó inaugurado el 13 de agosto de 1961, siendo llamado por la RFA «muro de la vergüenza», porque separó no sólo un país, sino muchas familias que vivían en la misma ciudad, mientras que la RDA lo calificaba como «muro antifascista». Por aquellas fechas, el entonces presidente de Estados Unidos, John Fitzgerald Kennedy viajó a la capital alemana, donde pronunció la célebre frase «Soy berlinés».

En el muro se añadió el llamado «foso de la muerte», que constaba de una carretera por la que patrullaban día y noche vehículos militares, soldados armados, con perros y 300 torres de vigilancia. Un total de 5.000 personas intentaron pasar al lado occidental, de las que 3.000 fueron detenidas y 100 murieron tiroteadas por los guardias de control. La última víctima se registró el 5 de febrero de 1989.

Los efectos que el muro tuvo sobre Berlín, fueron entre otras la interrupción de los transportes públicos de la ciudad de manera que, por ejemplo la red de metro tenía estaciones fantasma y unos túneles bloqueados por compuertas.

En mayo de 1989 se empezaron a abrir las fronteras con Austria y Hungría, ya que muchos ciudadanos pidieron asilo político en las respectivas embajadas de Alemania Oriental. Esta situación culminó en que el 9 de noviembre, miles de ciudadanos salieran a la calle con mazas y picos para derribar la pared de hormigón que los apartó de sus familias y amigos durante 28 años. Estos hechos dieron pie a escenas realmente emotivas de gente abrazando a sus seres queridos a los que no habían visto en años.

Con motivo de este acontecimiento histórico, la banda de rock Scorpions compuso el tema «Winds of Change» como un himno de libertad. La reunificación de las dos Alemanias no se hizo oficialmente efectiva hasta la primavera de 1990, lo que supuso también la entrada del capitalismo y la irrupción de las grandes multinacionales de Occidente.

Actualmente del «muro de la vergüenza» sólo queda un kilómetro y medio llamado «West side Gallery» que tiene el uso de mural de expresión artística. De todas las representaciones artísticas que hay plasmadas, hay que destacar dos: una que representa un Trabant, el coche popular de la Alemania del Este en vista frontal atravesando la barrera fronteriza. La otra obra ilustra a Erich Honecker, canciller de la RDA y Leonidas Breznev, líder del Partido Comunista Soviético, dándose un apasionado beso en los labios.

De muros como el de Berlín todavía quedan en el mundo, como es el caso del que rodea la franja de Gaza.

 

* Texto original en catalán.

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