UN BAÑO PARA RELAJAR LA OPINIÓN PÚBLICA

El pasado 7 de marzo se cumplieron 50 años de la difusión de la famosa y a la vez pintoresca imagen de Manuel Fraga Iribarne bañándose en la playa almeriense de Palomares.

Alarma nuclear o «broken arrow»

Todo comenzó el 17 de enero de 1966 cuando un avión Boeing KC 135 Stratotanker y un B-25 Stratofortress de la USAF (Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos), chocaron en Palomares, un pueblo de la costa de Almería. A raíz del accidente, los dos aparatos estallaron provocando la muerte instantánea de siete tripulantes, mientras que otros cuatro lograron salir eyectados con paracaídas.

Otra consecuencia del siniestro fue la pérdida por parte del B-25 de las cuatro bombas nucleares de 1,5 megatones cada una que transportaba a bordo (un hecho que en la jerga militar se denomina «broken arrow»). Tres bombas cayeron en la playa de la localidad y la cuarta, en el mar. Aunque ninguno de los artefactos llegó a explotar, cundió el pánico entre los vecinos de Palomares, ya que los tres de la playa estaban al alcance de los niños que jugaban. Pero lo que más preocupaba a los vecinos era la bomba caída en el mar por el riesgo que hubiera contaminado las aguas locales con el uranio que contenía en su interior.

Movilización sin unos mínimos de seguridad

Las tareas de descontaminación de la playa de Palomares y de retirada de las bombas las llevaron a cabo agentes de la Guardia Civil en precarias condiciones, ya que trabajaban totalmente desprovistos de material adecuado y expuestos a la radiación atómica. En contraposición, los marines de Estados Unidos que colaboraron iban enfundados en trajes NBQ que los preservaba de los nocivos efectos del plutonio.

En cuanto la bomba caída al mar, esta fue recuperada por un minisubmarino Alvin a 869 metros de profundidad y cinco millas náuticas de la costa. El hallazgo del artefacto fue posible gracias a un pescador, vecino del municipio de Águilas que se encontraba faenando en el área de investigación. El hombre en cuestión respondía al nombre de Francisco Simón Orts, aunque fue apropiadamente conocido por Paco «el de la bomba».

Baño de multitudes

Un mes y medio después del accidente, el 7 de marzo de 1966, el entonces ministro de Información y Turismo del gobierno de Franco, Manuel Fraga Iribarne, ataviado con un bañador Meyba se metió, acompañado del embajador los Estados Unidos, en las aguas que bañaban Palomares con la intención de transmitir un mensaje tranquilizador a la población local y queriendo demostrar al mundo que la presencia de la bomba no suponía ningún peligro de radiactividad. Aquella impagable estampa fue recogida por las cámaras del NO-DO como un vehículo propagandístico del régimen que pretendía evitar el recelo turístico.

Un Palomares en el círculo polar ártico

Dos años después del «broken arrow» de Almería, el 21 de enero de 1968 se produjo otro en casi idénticas circunstancias a la base aérea de Thule, en Groenlandia. El desastre tuvo su origen en un incendio que se declaró en la cabina de un B-25 que, al igual que el accidentado en Palomares, transportaba cuatro bombas nucleares B28 en la bodega de carga. Seis de los siete tripulantes que iban a bordo de la aeronave salvaron la vida porque salieron expulsados ​​con los asientos eyectables. Desgraciadamente no hubo asiento de evacuación para el séptimo ocupante que murió en el acto cuando el avión se estrelló y estalló posteriormente. Las tareas de descontaminación y búsqueda fueron cargo tanto de los Estados Unidos, que tenía las competencias sobre las instalaciones de Thule, como de Dinamarca, que tiene la soberanía sobre Groenlandia.

Secuelas a largo plazo

La imagen de inocuidad del incidente que el gobierno franquista quería vender a la opinión pública fue producto de las exigencias impuestas por las autoridades militares norteamericanas, que obedecían a la voluntad de ocultar la magnitud del desastre. No fue hasta 1986 que el gobierno socialista de Felipe González hizo públicos los datos reales de la catástrofe de Palomares, revelando que el 29% de la población local estaba afectada en mayor o menor medida por el plutonio radiactivo. Como consecuencia, el Consejo Nacional de Seguridad optó por prohibir la urbanización en las zonas afectadas, dado que la radiación atómica del plutonio tarda una media de 24.000 años en disiparse. Por lo que respecta a las cuatro bombas recuperadas en Palomares, actualmente son reliquias exhibidas en el Atomic Museum de Alburquerque, en el estado norteamericano de Nuevo México. Un baño relaja, siempre y cuando no te metas en  aguas contaminadas.

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