Ganar una hermana

Cuando yo tenía 11 años de edad conocí a Sandra, mi hermanastra. Esta palabra suena mal; pero eso no nos importa porque nos queremos mucho. De hecho, siempre nos hemos considerado hermanas.

Sandra lo tiene todo. Tiene muchas cualidades. Es alegre, simpática, sabe estar en los lugares… Es el tipo de persona que todo el mundo querría tener como hermana. Para mí es como una modelo porque es muy presumida: siempre bien vestida y se arregla mucho.

Al principio, la relación no fue buena. Nos costó adaptarnos la una a la otra. ¿Por qué de pequeño no te llevas bien con los hermanos y de grande sí? Supongo que te peleas más porque nos cuesta ceder. En mi caso, creo que le costaba entenderme. Pero ahora la relación es inmejorable. Le debo muchas cosas. Yo me siento muy afortunada de tener Sandra cerca.

Recuerdo con mucha ilusión el día de su boda. Me hizo sentir la persona más feliz. Era un viernes y yo no fui a la escuela. Cuando salimos de la iglesia de Santa María del Mar, a mí me subieron al coche de los novios para ir en Pedralbes a hacer las fotos. El fotógrafo nos hizo sentar en una parada de autobús. De repente, paró el autobús y el conductor se pensaba que queríamos subir. Echamos a reír. Ese día yo estaba muy contenta, tanto que parecía que la que se casaba era yo.

En un primer momento, viví con tristeza que mis padres se separaran. Pero luego, al cabo de los años, puedo afirmar que la vida me ha regalado una hermana y una familia a la que quiero mucho.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *