Los amores de verano

Cuando muchos emprendemos viaje durante el verano, nos disponemos a vivir todo tipo de experiencias y vivencias entre nosotros, por lo que en algunas ocasiones suelen surgir sentimientos que, entre unas cosas y otras, suelen iniciar romances.

En algunos casos suelen ser para toda la vida, pero normalmente ―y no sabemos porque― suelen durar lo que dura el verano. Hay veces que algunas de las amistades más cercanas o bien suelen coger celos, o  hacen todo  lo posible  para acabar dicha relación.

Está claro que estoy hablando de los amores de verano, y es evidente que hay muchas maneras de provocar estos romances veraniegos. A continuación, algunos tipos de romances:

Están aquellos que son espontáneos. Pretenden no comprometerse a nada y son para pasar el rato. Solo duran casualmente lo que han sido esos días de viaje en cuestión.

Luego ya entramos en los que son los triángulos amorosos; cuando hay alguna tercera persona por medio. Esos son los peores porque propician el mal rollo en el resto del grupo de viaje. Quizás ese es el caso que más conflicto suele provocar entre las personas que los forman.

Pero el que se refiere al que he vivido yo, que aunque haya sido la excepción que confirma la regla de todos estos amoríos estivales, me ha servido para ver la vida de otra manera y me ha cambiado radicalmente. Y todo aquello que haya tenido en un pasado se ha quedado en un punto muerto y a día de hoy, me ha hecho madurar y pensar en un futuro más cercano pero viviendo más en el presente.

Para llegar a una conclusión, enamorarse en verano suele tener sus pros y sus contras; pero como suele ser habitual, siempre es el amor que suele triunfar en la pareja. Y si los que han pasado esos días de vacaciones contigo lo celebran y lo comparten, la harmonía en ese grupo se agradece y lo más importante: la amistad con ellos se hace más fuerte.

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