MATOAKA

Paseaba en mis noches
en un carrusel de verano
por unas colinas bellas
que bajaban a cierta inmensidad
de un río.

Me envolvía la calma
notando los susurros
de los pájaros
y el clamor de las hojas.

Paseaba en mis noches
en solitario
y cogía mi canoa
dejándome llevar
por el corriente
río abajo
mientras las estrellas
sonreían en mi cáliz de besos.

¿Y qué diría yo
si mi cáliz de besos
se vuelve caliente?
¡¡Nada!!
Seguiría todo igual.
Mi bocanada de sombras
se volvería fría, amarga,
como una naranja.

Paseaba en mis noches
por aguas bravas
y surgían las palabras
del viento
y rebotaban con furia.

¿Y ahora qué se decía de mi?
Una loca aventurera;
una indomable mujer india.
No sabría por cuál
noté inclinarme.
Estos dos no me gustaban,
así que escogí
el que me vino a la cabeza:
MATOAKA.*
Liberadme de mi vida,
que yo seré la escogida
de los dioses
y que todos afirman
que soy hija del Ánade Real,
el pato verde
que en cuyos estanques
nada tranquilo
como un pájaro de sal marina.

*Este nombre es indio y significa “traviesa”.

**Texto original

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