(Català) OBJECTIU DE TOTS ACONSEGUIT

Este lunes, 17 de octubre de 2016, se cumplen 30 años de la designación de Barcelona  como sede de los XXV Juegos Olímpicos de la Era Moderna; un hito que marcó un antes y un después en la historia de la Ciudad Condal, además de colocarla en el mapa.

LA SEMILLA DE UN AMBICIOSO PROYECTO

El 30 de mayo de 1981, el entonces alcalde de Barcelona, ​​Narcís Serra, pidió permiso a Juan Carlos I para sacar adelante la candidatura para organizar unos Juegos Olímpicos, pues en la capital catalana ya se le había escapado a los de 1924 , 1936 y 1940. La aprobación del hoy monarca emérito dio luz verde a Serra para poner manos a la obra a un ambicioso proyecto que, de entrada parecía poco menos que una quimera. Sin embargo, en 1982 el alcalde socialista tuvo que ceder el bastón de mando ya que, Felipe González, entonces presidente, lo reclamó para formar su primer Gobierno nombrándolo Ministro de Defensa.

Con la llegada de Maragall al Ayuntamiento de Barcelona, ​​la candidatura olímpica despega al crearse en 1983 la Oficina Olímpica y Consejo Rector de la Candidatura. Enric Truñó, como concejal de Deportes del Consistorio, jugó un papel primordial en esta empresa. La función de esta entidad consistía en elaborar un dossier con la documentación en la que se desgranaba detalladamente la propuesta de candidatura en varios aspectos: planificación, plazos de ejecución de obras o estimaciones presupuestarias.

Desde la Oficina Olímpica también se creó el logotipo con que Barcelona entró a concurso en Lausana (Suiza) donde el Comité Olímpico Internacional (COI) tiene su sede. La opción elegida fue la de la diseñadora gráfica argentina América Sánchez, consistente en los cinco anillos olímpicos en forma elíptica entrelazados sobre una franja curvilínea gris con “Barcelona’92” dentro. El emblema iba acompañado del eslogan “Objetivo de todos”.

“LA VILLE DE …”

Finalmente llegó el 17 de octubre de 1986, el día D en que Pasqual Maragall y su equipo se jugaban a una sola carta todo el trabajo y esfuerzos realizados. La candidatura de Barcelona a los Juegos Olímpicos de 1992 se enfrentaba a las de cuatro aspirantes de categoría: Amsterdam, Birmingham, Brisbane y París. El acto de elección de la sede de la XXV Olimpiada de la Era Moderna se celebró en el palacio Beaulieu de Lausana.

El momento álgido de la velada llegó a las 13:28 cuando el entonces presidente del COI, Juan Antonio Samaranch, sacó de dentro de un sobre una tarjeta con el nombre de la ciudad vencedora pronunciando la histórica frase “À la ville de … “. Tras unos segundos de suspenso, al salir el nombre de Barcelona, ​​se desató la euforia entre los miembros de la delegación española, encabezada por un Maragall exultante, que se levantó de su asiento de un bote haciendo el gesto de la victoria con los brazos en alto. La alegría por el triunfo también se extendió entre los miles de barceloneses que se habían reunido en la plaza de Catalunya para seguir el curso de los acontecimientos de la ceremonia a través de pantallas gigantes instaladas para la ocasión. La elección de la capital catalana como sede olímpica supuso una oportunidad de oro para dignificar y dinamizar una ciudad gris y deprimida, que había sufrido las penurias de una guerra civil y una dictadura. Este hecho influyó en gran medida en el veredicto del jurado, además de considerar la propuesta española como la más viable y sostenible.

MUCHO POR HACER

Con los Juegos en el bolsillo, el Ayuntamiento de Barcelona puso en marcha el COOB (Comité Organizador de la Olimpiada de Barcelona), que dio forma al logotipo oficial de la cita olímpica con diseño conceptual de Josep Maria Trias, que representaba los colores de la bandera catalana y española con los cinco anillos, ya redondos debajo. La mascota oficial para los Juegos Olímpicos se bautizó con el nombre de Cobi, derivado de COOB. Javier Mariscal fue padre de la criatura, que representaba un perro pastor. Mariscal también concibió Petra, una niña sin brazos, ya que era la mascota de los Juegos Paralímpicos que se celebrarían en septiembre de 1992. Ambos personajes fueron diseñados en un estilo naif, además de protagonizar una serie de dibujos animados titulada ” The Cobi Troup “.

LEIT MOTIV OLÍMPICO

El desaparecido cantante Freddy Mercury compuso una canción dedicada a la Ciudad Condal que grabó en una cinta de casete. En 1987 aprovechando un encuentro con la soprano Montserrat Caballé, el que fue líder de Queen le mostró la maqueta de la canción “Barcelona” y tanto gustó a la diva del bello canto que le pidió de interpretarla juntos. Con esta avenencia, el dúo Mercury-Caballé grabó una nueva versión operística de “Barcelona”, además de actuar en playback en el marco del festival La Noche, celebrado el 8 de octubre de 1988 ante un nutrido público con la fuente mágica de Montjuïc de fondo. El Comité Olímpico Español adoptó la canción como himno oficial de los Juegos, que también sonó en la final de la Champions League de 1999, disputada en el Camp Nou.

GRÚAS AL PODER

El COOB debía ponerse manos a la obra para dotar a Barcelona de unas instalaciones y equipamientos que estuvieran a la altura de un evento tan importante. De entrada, la Ciudad Condal ya tenía una anilla olímpica con el Estadio Lluís Companys, que fue inaugurado por el rey Alfonso XIII para la Exposición Universal de 1929. 60 años después, concretamente el 8 de septiembre del 1989, fue el nieto del monarca, Juan Carlos I, quien inauguró un nuevo estadio olímpico totalmente reformado por dentro, que conserva la fachada original.

A la izquierda del coliseo, destinado a las pruebas de atletismo se encuentran las piscinas Bernat Picornell, construidas en 1969 de cara al Campeonato Europeo de natación, celebrado en 1970, que fueron objeto de una remodelación integral en 1990 con vistas a fue el escenario de los duelos acuáticos. El tercer recinto del complejo de Montjuïc es el Palau Sant Jordi, una obra singular tanto por su diseño, obra del japonés Arata Isozaki, como por la ejecución, ya que la cúpula que corona el edificio fue levantada por medio de doce enormes gatos hidráulicos. Quedó inaugurado el 21 de septiembre de 1990 para acoger las competiciones de gimnasia, karate, judo o balonmano.

Por otra parte, el Ayuntamiento de Barcelona aprovechó la antigua zona industrial de Icaria, en el distrito de San Martín, repleta de fábricas y almacenes abandonados para edificar las residencias para los deportistas. Había nacido la Villa Olímpica, actual referente del ocio barcelonés ante el puerto olímpico. Los Juegos también requerían plazas hoteleras, por lo que se erigieron hoteles como el Arts, adyacente a la Torre Mapfre; el Barceló Sants, encima mismo de la estación de Sants; el Plaza, en la plaza de España, o el Rey Juan Carlos I.

LA IMPORTANCIA DE LAS COMUNICACIONES

Para afrontar los Juegos Olímpicos, Barcelona necesitaba disponer de buenas comunicaciones, tanto viarias como de telecomunicaciones. Es por esta razón que se construyeron la Ronda de Dalt y la Ronda Litoral, dos vías rápidas de circunvalación que rodean la Ciudad Condal por la banda de montaña y por la fachada marítima. También se estrenó el ya extinto y polémico “tambor” de la plaza de las Glòries, así como el nudo de la Trinidad, donde convergen las dos Rondas.

Para optimizar las comunicaciones audiovisuales se erigió entre 1990 y 1992 la torre de Collserola, proyectada por Norman Foster. Esta infraestructura, situada en la sierra de la que toma el nombre, sirvió para difundir la señal de las retransmisiones del evento. En 1992, junto al Palau Sant Jordi, se ubicó la antena diseñada por Santiago Calatrava.

EL OMBLIGO DEL MUNDO

Del 25 de julio al 9 de agosto de 1992, Barcelona acaparó la atención mediática mundial en una cita que reunió lo más granado del deporte en todas sus disciplinas y categorías. Entre los muchos participantes destacaron nombres como Carl Lewis, Sergei Bubka, Manuel Estiarte, Fermín Cacho o Martín López Zubero. Los Juegos fueron un rotundo éxito de organización y participación, gracias en gran medida a los 60.000 voluntarios que colaboraron, lo que demuestra hasta qué punto la ciudadanía se implicó total e incondicionalmente. Barcelona’92 reportó en la Ciudad Condal un prestigio que se traduce en reclamo turístico de alcance mundial.

CAPACIDAD ORGANIZATIVA

Doce años después de los Juegos de 1992, Barcelona volvió a ser el centro del mundo gracias al Fórum Universal de las Culturas, un evento que no suscitó tanto entusiasmo como las Olimpiadas, ya que muchos sólo veían especulación y oportunismo en vez de oportunidad. Polémicas aparte, lo que ha quedado demostrado es que la capital catalana ha superado todos los retos que se le han puesto delante en cuanto a organización de actos como el Mobile Congress o los festivales Sónar y Primavera Sound. Y lo que es mejor: cómo los ha sabido rentabilizar.

Hace 30 años, Barcelona consiguió un objetivo común, del que nadie quiso pasar olímpicamente.

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