EL ESPÍRITU NORTEAMERICANO, CONVONCADO A LAS URNAS

El pasado martes se celebraron las elecciones presidenciales en Estados Unidos para decidir quién gobernará la primera potencia mundial durante los próximos cuatro años, en las que el candidato del Partido Republicano Donald Trump ha resultado vencedor. Al margen de toda la pompa, el glamour y la resonancia mediática que conllevan los comicios oficiales, hubo otros menos reconocidos que tuvieron lugar en las reservas en que están confinadas las diversas tribus de indios nativos de Norteamérica para elegir a sus respectivos jefes, así como los delegados que los representarán en Washington DC.

DE FUERA VINIERON, QUE DE SU TIERRA LOS SACARON

 

Desde la fundación de los Estados Unidos el 4 de julio de 1776 (incluso antes), los colonos procedentes de Inglaterra, Francia o Irlanda invadieron los territorios de los nativos autóctonos hasta prácticamente exterminarlos. Al principio el motivo para esta barbarie fue la expropiación de las tierras para la construcción de las primeras líneas de ferrocarril, aunque en épocas más contemporáneas la codicia del hombre “civilizado” obedeció a la explotación de yacimientos de petróleo y otros recursos naturales del rico subsuelo de algunas reservas.

INCLUSIÓN PARA LOS MARGINADOS

En 1823, el juez James Kent del Tribunal de Apelación de Nueva York determinó que los asuntos concernientes a los indígenas eran competencias exclusivamente tribales y quedaban relegados a las reservas repartidas por los estados del medio Oeste americano como son Texas, Nevada, Nuevo México , Dakota del Norte, Montana o Arizona, formando un estado dentro de otro estado.

No fue hasta 1924 que el Congreso de los Estados Unidos reconoció los derechos de los indios nativos, agrupados en tribus como los navajo, cuya lengua fue utilizada por el Ejército estadounidense para codificar los mensajes en clave durante la Segunda guerra Mundial; o los sioux, por los que se interesó el periodista español Vicente Romero en 2008, cuando se convocaron elecciones internas para escoger nuevo jefe.

Según el censo de población en Estados Unidos, actualmente hay 5 millones de indios nativos recluidos en reservas semiautónomas, en las que muchos miembros de estas comunidades étnicas están convocados a las urnas para elegir a los que serán sus representantes en el Congreso de los Estados Unidos para defender los derechos e intereses de este colectivo minoritario.

HERENCIA TOPONÒMICA

 

Las películas del Oeste tradicionalmente han otorgado a los indios una imagen de bárbaros salvajes que atacaban indiscriminada y arbitrariamente los “rostros pálidos” cortándoles la cabellera. Al margen de este concepto estereotipado que todavía tiene gente de los “pieles rojas”, lo cierto es que algunas tribus han dado nombre a ciudades de Estados Unidos como Cheyenne, capital del estado de Wyoming; o Ottawa, capital de Canadá. Del mismo modo, los Dakota dejaron huella en un estado dividido en Norte y Sur.

En Estados Unidos también hay ciudades bautizadas en honor de jefes de tribus amerindias. Este sería el caso de Seattle (Washington), que debe su nombre al líder del indios Suquamish-Duwamish, al igual que Pontiac (Michigan) el diez al jefe de la tribu ottawa-chippewa. Pero la gente conoce Pontiac ser por una extinta marca automovilística integrada dentro del gigante General Motors entre 1926 y 2010.

EN COMUNIÓN CON LA NATURALEZA

 

Las tribus indias de Norteamérica han vivido desde sus orígenes más remotos en completa armonía con el entorno natural que rodea a las reservas, conviviendo con los animales autóctonos como si formaran parte de su comunidad. De hecho, por norma general, los miembros de las tribus son bautizados con nombres compuestos de animales que conforman la cultura indígena. Este sería el caso de Toro Sentado o Caballo Loco, dos líderes de los sioux.

Los indios nativos de Norteamérica tienen sus creencias arraigadas en los espíritus como el llamado Pájaro Trueno, al que se le atribuye el poder de formar nubes de tormenta (cumulonimbus) al batir las alas y provocar rayos parpadeando los ojos, al que invoca mediante una danza ritual. Esta divinidad dio nombre (en su traducción al inglés Thunderbird) a un emblemático modelo de coche fabricado por Ford en Estados Unidos entre 1955 y 2005, que tenía su propio logotipo simbolizado por tótem con que los nativos veneran este ser sobrenatural inherente a su universo mitológico.

La comunidad indígena residente en los estados del medio oeste de Estados Unidos, que ha evolucionado para adaptarse a los nuevos tiempos sin traicionar su esencia, estaba convocada a las urnas en las reservas para reivindicarse como ciudadanos de pleno derecho. El auténtico espíritu norteamericano no radica en el patriotismo o amor a la bandera de las barras y estrellas sino en las raíces de una nación basada en la diversidad cultural.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *