PEGASO

Cabalgaba ante la luna
en suelo firme y elegante.
Un caballo blanco esperaba.
El corcel era indomable,
pero con una tirantez infinita
repicaba sus cascos,
con su melena al viento
y su cuerpo tan natural
que desplegaba sus encantos
como animal mágico que era.
Sus alas tan blancas eran
que parecían plumas de ángel.
Cuando reposaba era hermoso:
su piel brillaba bajo el sol,
con su jinete en cabeza
montando esa cabalgadura noble,
que cuando trotaba y volaba,
ya podías gritar
que el cielo le esperaba.
Cabalgaba en sueños a veces;
siempre limpiando el aura de los niños.
Pero cuando lo mirabas de frente
parecía agua transparente,
traslúcida, que no se podía tocar.
Entre la hierba lo observas,
¡Y qué bravura tiene este caballo! E
Es un tesoro para todos aquellos que
quieren cabalgarlo y domesticarlo.
¡Y no se puede!
Porque su porte es así;
y sólo un corazón poderoso,
valiente y noble de sentimiento,
puede llegar a él
como aires de tempestad
en su briosa montura de soledad.

Texto: Beatriz Ruiz

Dibujo: Jordi Riu

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