PERSIANA DE DESPACHO

En esa ventana

de cortinas viejas

dormía una persiana

que parecía un abanico

¿Pero qué le pasaba a esa persiana?

Era toda vieja,

era una tela de seda rasgada.

Y aún dormida,

ni se despertaba la pobre.

Mi persiana blanca como una paloma,

caída con tapices de cascada,

en ese manto traslúcido y neutral.

Mi persiana de tocado,

qué buen bordado

llevabas con ese imperdible

en vuelo de pájaro.

Pero querida estabas rota

Y te tenía que quitar,

como un pensamiento blanco

de malla singular.

Mi persiana dormida,

mi persiana blanca como una paloma

Que se había levantado cada día

con una serenata sombría.

Eras mi vida,

mi persiana dormida.

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