5 cosas por descubrir en Berga

Hace unos días, pasé el fin de semana en Berga, un pueblo donde no había estado nunca y que me encantó. Si nunca has estado, no dudes en visitarlo. Y los que ya habéis estado, os recomiendo 5 cosas por descubrir.

Todo era muy verde, parecía un cuento de hadas. Por la tarde del sábado nos llovió y no pudimos disfrutar al máximo del paseo por las calles del pueblo. Sin embargo, salimos del hotel armados con el paraguas.

UNA PLAZA CON MUCHO ENCANTO

La primera parada fue la plaza de San Pedro, donde está el ayuntamiento y la iglesia, y que es el lugar donde se celebra la famosa Patum. Para llegar, atravesamos algunas calles llenas de tiendas.

La plaza me pareció preciosa. Las escaleras eran empinadas y subían como una montaña. En lo alto, se encontraba la iglesia, que era majestuosa.

Al lado, está el ayuntamiento; edificio que alberga tres museos: el de la Patum, el del circo y el de ciencias naturales. Es decir, la de San Pedro es una plaza con mucha historia.

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FERIA DEL QUESO

Cuando salimos de visitar los museos, parecía que había parado de llover de golpe. Bajamos por un callejón y llegamos a un paseo flanqueado por árboles. Todos estaban pelados, dando a la postal una esencia de frialdad y, al mismo tiempo, de sensualidad.

Allí nos encontramos con una sorpresa: la feria de los quesos. Bajo un toldo de carpas, decenas de puestos ofrecían sus quesos variados. Habían de secos, ahumados y tiernos. Se podían degustar, pero no lo hice porque no tenía hambre.

Este evento representaba mucho para el pueblo porque se llamaba «la feria internacional del queso».

Me di cuenta de que varios artesanos del queso habían venido al Badaterra o a la Feria del Arrop, en Badalona, ​​mi ciudad.

 LA ESTANCIA, LA VISITA Y LA POESÍA

Cuanto más caminaba, más me interesaba el pueblo. Berga no es tan pequeña como se ve en los mapas. Particularmente, es muy atractivo: hay parques, caminos para hacer senderismo, se puede montar a caballo o ir en quad, etc.

Me harté a hacer fotografías. Cada rincón que exploraba era digno de capturar en una fotografía. Tras el paseo, volvimos al hotel. Como llevaba la libreta, no paré de hacer poesías. ¡No os digo las horas porque os cansaría!

UN DOMINGO MUY ENTRETENIDO

Por la mañana, tuvimos que hacer las maletas para volver a Barcelona. Había niebla y el sol que se colaba era muy mágico. Nunca había visto ese tipo de niebla y me impactó mucho.

Después de todo no hicimos mucho, cantamos, hicimos estiramientos y pasamos por campos labrados. ¡Fue una pasada! Y ya no digo la comida, porque era sensacional: picadillo, arroz, pizza…

Hasta entonces, Berga era para mí un pueblo desconocido. Pero al descubrirlo, me di cuenta de que nunca había visto tanta alegría en un paraíso como este. Antes de partir, ya tenía ganas de volver.

De vuelta, el autobús de línea paró en Sallent.

Lo que me cautivó más fue un paisaje de lo más penetrante. No me extrañó que algunos autores queden tan enamorados de sus viajes. Realmente, viajar te abre el alma.

Berga me ha llegado al fondo del corazón, y este corazón que ahora late está dispuesto a volver de nuevo. Y los que hagan falta.

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