IGNORANDO LA SD EN ANDORRA

El pasado 3 de diciembre, Día Internacional de la Discapacidad, fui a Andorra a presentar mis memorias y reflexiones. En este acto estaba el ministro de Asuntos Sociales, Justicia e Interior, Xavier Espot. Su ministerio era el organizador del acto. Fue un orgullo poder explicar lo que yo pienso a todos los andorranos que asistieron a la charla.

Rumbo a Andorra

El autocar hacia Andorra salía 13: 45h. Con un taxi fui desde mi trabajo hasta la estación de Sants, en la terminal de autocares. Allí me esperaba mi sobrino, Edgar, con bocadillos y bebidas para el almuerzo. Pero no tuve tiempo de acabar de comer antes de subir al autocar, así que me lo acabé a escondidas.

Cuando llegamos a Andorra hacia las 17: 30h aproximadamente, Laia Gómez, representante del gobierno andorrano, nos vino a buscar a la estación para ir hacia el hotel Arts, un lugar que parecía un palacio con unas habitaciones de lujo. En este mismo hotel fue donde se celebró la conferencia-presentación de mis memorias.

Palabras a eliminar

En este acto conocí a la secretaria de Estado andorrana, Ester Fenoll, y el ministro de Asuntos Sociales, Justicia e Interior, Xavier Espot. En el acto también participó Claudia Rodrigues, presidenta de la Asociación Síndrome de Down de Andorra (ASDA).

El acto llevaba el título de mis memorias. Es decir: “Ignorando la SD”. Antes de que empezara a hacer la conferencia-presentación me hicieron varias entrevistas como, por ejemplo, el Diario de Andorra, Ahora Andorra y otros.

Me fijé que me decían que yo “sufría” la SD y así salió publicado. Rápidamente reaccionamos pidiendo si lo podían cambiar y poner que yo “tengo” la SD. Os puedo asegurar que no sufro por tener un cromosoma de más.

“Sufrir” asociado a la SD es un verbo que odio. Otra palabra que también odio es sobreprotección. Es una palabra que para mí no debería estar en los diccionarios porque la sobreprotección es la anulación del crecimiento de la persona cuando se está demasiado encima de ella. A mí no me gusta que me digan lo que tengo que hacer porque tengo 46 años y no soy un niño pequeño.

Mis memorias

Al acto expliqué cómo surgieron mis memorias. Todos eran manuscritos míos en más de 30 libretas escritas a mano, con boli y típex. Empecé a poner mis ideas ordenadas. Busqué agujeros de mi agenda para empezar a escribir, porque la tenía de plena como la de un ministro; incluso fines de semana incluidos y en casa de mi madre.

Cada cosa que yo escribía, cuando le llevaba a mi madre ella siempre empezaba a hacer lo que es típico de una madre cuando yo apuntaba lo que me parecía. “Muy bien”, decía mi madre, “pero yo no lo diría de esta manera”. De vez en cuando, alguna palabra que yo ponía mi madre decía que no era aquella la palabra que debía ponerse. Mi hermana Katy le dijo: “No parece que sean las memorias de Andy. Tú ya tendrás tiempo de hacer las tuyas”. Y así respetaron mi estilo.

Hicimos que viniera una correctora para que pudiera corregir lo que había escrito. Hubo un día que la correctora había hecho su corrección en mis memorias y se le volvió a decir que no parecía que fueran mis memorias, que no corrigiera tanto las palabras porque cambiaba el estilo.

Finalmente las memorias quedaron como yo quería. Así las he defendido y reivindicado como mías. Esto debía ser así porque yo lo tuviera claro para cuando se publicaran. Entonces, si algún periodista me preguntaba, yo podría decir que las memorias eran mías y de nadie más. Escritas con mi puño y letra.

Soy yo quien reflexiona, piensa, opina y me desahogo. Saco el que llevo dentro, tal y como lo hice en la charla de Andorra.

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