MODERNISMO DE SUBURBANO ENTERRADO

Generalmente, el Modernismo se asocia única y exclusivamente a los edificios construidos entre finales del siglo XIX y principios del XX. Pero esta corriente arquitectónica abarca muchos más elementos urbanos. Los edículos, que han cubierto o cubren todavía algunas estaciones de metro de Barcelona son el mejor ejemplo.

Estas obras incluían dependencias como el despacho de billetes o el acceso a un ascensor que conduce a directamente a los andenes.

VÍCTIMAS DEL PROGRESO

En diciembre de 1924 se inauguró el primer tramo del metro de Barcelona, ​​conocida inicialmente como «Gran Metro» (Línea 3, desde 1982) entre Lesseps y Catalunya. En la estación bautizada en honor del ingeniero responsable del canal de Suez, originalmente se accedía por un templete. La parte superior estaba rodeada por una marquesina sustentada a base de vigas y pilares de hierro, posteriormente modificada.

En 1926 entraba en funcionamiento un ramal del «Gran Metro», llamada «Transversal» (actual Línea 1). Una de sus estaciones neurálgicas, Urquinaona contaba con un edículo con una fachada frontal coronada por una visera similar a un abanico. Perduró hasta su derribo, en 1972.

DE MODERNISTA A MODERNA

La segunda estación del antiguamente llamado «Gran Metro» después de Lesseps es Fontana. La entrada se realiza a través de un edificio de planta baja enclavado en el cruce entre las calles Gran de Gracia y Asturias.

El aspecto original de la fachada era de estilo modernista con un gran «G» dentro de un círculo en la esquina redondeada. En los años 90, la pared frontal ha sufrido una remodelación integral, la cual consta de unas formas rectilíneas y angulosas, revestidas de placas de gres. Sobre la puerta de acceso hay una marquesina en forma de prisma. En la pared hay incrustado logotipo del suburbano barcelonés, forjado en acero.

En cuanto al interior, la estación estaba inicialmente dotada de dos ascensores, hasta que en 1962 fueron reemplazados por escaleras mecánicas.

Las antiguas taquillas han sido sustituidas por máquinas expendedoras.

EL ÚNICO EN PIE

Cuando en 1863 se inauguró la primera línea de Ferrocarriles de la Generalidad de Cataluña (FGC) entre Barcelona y Sarrià (entonces un pueblo a las afueras de la ciudad Condal), las vías discurrían sobre la superficie.

Desde el 1929, en la estación de Sant Gervasi el trazado ferroviario es enterrado a dos niveles. Así surgió el templete modernista abovedada a cuatro aguas, Lo único que queda en pie en la capital catalana. El ascensor original de conexión entre el vestíbulo y los andenes curvas era de grandes dimensiones, similar a un montacargas. Sin embargo, a inicios de los 80, el primitivo elevador fue cambiado por dos de más modernos que, juntos ocupaban el espacio del predecesor.

En los años 90 se llevó a cabo una renovación, lo implicaba la instalación de dos aparatos de desplazamiento vertical con cabinas y puertas acristalados.

PRESENCIA CASI TESTIMONIAL

En 2010 entró en servicio el intercambiador que comunica las estaciones de Sant Gervasi (línea L6-Sarrià) y Pl. Molina (línea L7-Av.Tibidabo, también conocida como la de Balmes). Este enlace propició redistribución en las dependencias de la estación a mayor profundidad. Esto implica que el vestíbulo del apeadero del L6 queda a un piso por debajo de la plaza Molina. Con la remodelación, las paredes del edículo son acristaladas, quedando intacto sólo la estructura y la cubierta originales.

Actualmente, la presencia de la obra modernista es casi testimonial, ya que sólo acoge el ascensor entre la superficie y el primer nivel. Los otros dos de acceso a los andenes han quedado desplazados hacia la derecha.

NO TODO SE HA PERDIDO

Desde que se inaugurara en 1924, la red de metro de Barcelona ha evolucionado para adaptarse a las necesidades cambiantes de cada época. Esta evolución, sin embargo, lleva implícito un peaje. Esto se traduce en sacrificar joyas arquitectónicas como los templetes de Urquinaona y Lesseps. Por otra parte se remodeló la planta de acceso sobre superficie de Fontana sin dejar ni rastro de su encanto estético original.

Sin embargo, pero no todo se ha perdido. Un claro ejemplo radica en el rótulo de «metro» de influencias parisinas la boca de Urquinaona ubicada en chaflán ronda Sant Pere-Bruc. Por otro lado, aún permanece intacto el mosaico que decora los bordes del túnel flanqueado por los dos pasillos en la estación de Fontana.

En cuanto al resto, el progreso ha enterrado el modernismo suburbano.

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