El reflejo de una mirada

Desde la más profunda oscuridad, desde la tinieblas de la noche
se va perdiendo allí desde la lejanía de lo infinito sobre las aguas
cristalinas del mar.

Se va dejando ver el resplandor cegador de ese sol amaneciendo dejando al descubierto el reflejo de una mirada que desde su interior va dejando una estela con el que dibuja un hermoso arco iris sobre ese azulado cielo.

Tras la ventana de mi amada la voy contemplando, que bellos ojos despiertan en una mañana soleada, desde mis oídos y como un soplo
de aire fresco me llega la suave melodía de su voz.

Como una música de ángeles me dejo llevar sobre esas notas de esa aterciopelada voz que a su vez van al unísono haciendo bailar mi alma
con la suya.

Con el vaivén de ese baile de arboles voy bailando con ella , cogidos de
la mano cruzaremos las dunas de ese caluroso desierto, atravesaremos
todas las estrellas del firmamento, contemplaremos los atardeceres en
algún lugar del mundo en aquel más bello rincón que nos llenen de ese
amor verdadero.

No hay sentimiento tan puro, intenso, eterno e incluso que nos impulse
a vivirlo desde el interior de nuestros corazones. Desde nuestra unión
pisar juntos tierra firme, dejarnos llevar por el fuego de nuestros besos,
volar a tres metros sobre el cielo a través del aire y sentir de nuestros
cuerpos la bravura del oleaje del mar al chocar entre las rocas.

Con esa dulzura con la que sus manos me acarician siento que mi piel se eriza a cada contacto que quisiera tener con esa persona que me dio la vida en ese preciso momento en que la conocí.

En la distancia de hoy en día siento mi alma perdida vagabundeando
por esas calles de las que te llevan a la desesperación más absoluta
buscando así la luz que me ilumine mi destino, un destino con nombre
de mujer que una vez que llegue a ella encuentre la felicidad eterna.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *