UNA FERIA CON MUCHO ARTE

La Feria de abril es una fiesta popular de tradición andaluza que procede de la Sevilla del 1846-1847, ciudad en la que se celebra cada año. Su objetivo es dar la bienvenida a la primavera.

Por dicho motivo, la diversión, la música y el buen humor son las tres características principales que no pueden faltar durante los 10 días y 2 fines de semana completos que duran los festejos, alargándose hasta principios de mayo como la original.

Dicha fiesta se celebra una o dos semanas después de Semana Santa, por eso es habitual que empiece a finales de mes o a principios de abril según el calendario lunar.

Orígenes agrícolas
El origen de la feria proviene del día 25 de agosto del 1846 en el que dos concejales, uno catalán y otro vasco, presentaron una propuesta al ayuntamiento pidiendo que se celebrara una feria agrícola y ganadera. El alcalde de entonces la aprobó y fijó los días 18, 19 y 20 de abril para celebrarla.

La primera feria se festejó en el Prado de San Sebastián, con un ambiente campestre y con 119 casetas.

Con el paso del tiempo, esta fiesta se convirtió en una de las más conocidas de Sevilla.
La feria se lleva a cabo en un recinto abierto al aire libre en el barrio de los Remedios denominado El Real.

Dicho recinto, a su vez, se divide en 15 calles, cada una con el nombre de una figura importante del toreo junto a la leyenda resumida de su biografía.
Por ellas circulan diariamente jinetes, coches de caballos y miles de visitantes.

Toda ella está llena de vida, alegría y colorido.

Tiene un color especial
En una de sus zonas se encuentra las típicas casetas donde se reúnen algunas asociaciones para realizar distintos actos festivos referentes a la tradición y cultura popular con sus actuaciones musicales y bailes.

En la otra zona están las atracciones, la delicia de niños y familias, en la que destaca la noria.

Esta festividad empieza el sábado a las doce de la noche con el “alumbrao” en el que se estrenan las luces brillantes que lo adornan todo.

Las calles brillan con sus respectivos farolillos y la portada de entrada iluminada por sus miles de bombillas.

Esa misma noche la gente la vive como si fuera la de Fin de año.

Folclore en estado puro
Las mujeres lucen sus trajes de faralaes y los hombres sus prendas tradicionales de ganadero.

Se puede disfrutar del típico baile de las sevillanas, de los toros, de su cocina con el tradicional “pescaito frito, el jamón, el tapeo o el rebujito (que es una mezcla de vino de manzanilla o fino con una gaseosa sabor lima-limón y hierbabuena).

También destaca el ambiente festivo, los concursos de las casetas mejor decoradas y del espectáculo de fuegos artificiales junto al rio Guadalquivir del último día y finalizando al amanecer con la opción de degustar los típicos churros con chocolate.

Es toda una experiencia aconsejable para cualquiera que quiera ir a vivirla en persona.

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