Corazones de verano

Dos corazones solitarios se despiertan a cada amanecer, y durante el día juegan a amar y a ser amados, llenando de ese fiel sentimiento a todas aquellas personas que han sufrido por amor y que con el tiempo, su corazón se marchitó y se acabó rompiendo de tanto usarlo.

Al caer el atardecer ya empiezan a contemplar ese hermoso paisaje dándose cobijo a través de un tierno abrazo con el que se sienten más cerca el uno del otro.

Ya va llegando la noche, y esos mismos corazones se dejan llevar impulsados por la pasión de esos cuerpos ansiosos por fundirse en uno solo.

Bailan al compás de esas estrellas fugaces que les rondan y a su vez les envuelven, dejando así el más bello dibujo en el firmamento.

Un solo beso es suficiente para que vaya aflorando esa flor interior de cada corazón, y que a pesar de los años se mantiene joven, fresca y florida eternamente.

De esa misma manera las almas gemelas conviven a diario, haciendo felices a todo el mundo, con alegría las veinticuatro horas y a su vez repartiendo amor a todo aquel que lo necesite .

El verano en todo su esplendor hace que despierte el deseo de acariciar a la persona amada, llevando a nuestros pensamientos a todo aquello que nos arroja a lo prohibido.

Desde el fuego intenso de dos cuerpos de sangre caliente, pasando por la gloria de tocar con nuestras manos todo aquello oculto, pero que con el sentimiento más puro traspasamos la fría niebla.

La fuerza de esos indomables corazones que sienten y padecen con la misma intensidad convierten el enamoramiento en un modo de vida.

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