La otra cara de la Navidad

Cuando oímos hablar de estos días navideños, enseguida nos vienen esos entrañables encuentros familiares en comidas o cenas, o con compañeros de trabajo o amigos. También nos solemos dejar llevar por ese ambiente tan festivo con las luces que deslumbran nuestras calles. Por eso, para la mayoría de la gente son días especiales y llenas de júbilo.

Pero desgraciadamente para otros muchos no son más que otros días del calendario y los vemos durmiendo en bancos o cajeros. Muchos de ellos se suelen ver en albergues o en residencias donde les suelen dar de comer. Evidentemente me estoy refiriendo a todas esas personas sin techo que lo mismo las ves en el metro o bien en las entradas de los supermercados.

Mientras, somos muchos los que nos dejamos llevar por el consumo habitual de estos días: alimentos, regalos para Papa Noel o Reyes, etc. Algunos de nosotros nos suele poder la avaricia, pues cada vez es más evidente que cuanto más tenemos más queremos; y no llegamos a pensar que hoy las pobres personas sin techo sean ellas y mañana quizás podamos ser nosotros. Porque todo parece muy bonito y nostálgico e incluso nos acordamos de aquellos que ya no están entre nosotros, mientras que hay muchos que en algunos extremos se pueden morir de frio mientras duermen entre cartones. Y es que por mal que nos pese y queramos ver la “magia” de estas fechas tan emblemáticas, la cruda realidad es que esta es la otra cara de la navidad.

Y no nos cuesta nada hacer feliz al prójimo y más si lo tenemos tan cerca. No hay nada más bonito que ver que hay otros que también merecen pasar estas fechas navideñas como todas las personas. Por eso, yo animaría al resto de la gente a sentar en su mesa tanto en Navidad como cualquier otro día del año a una persona sin techo, porque solo así hace bien a la otra persona y a uno mismo.

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